|
|
|
|
Ase dos noches atrás, yo regresaba de una reunión con unos amigos, esta se habÃa extendido hasta muy tarde, asà que volvà caminando a mi casa donde vivo solo, al cruzar por una plazoleta me encontré, que en uno de los bancos estaba sentada una mujer de aspecto desalineado, |
|
Leer más...
|
Inicio
|
Teresita y su hija (Primera parte) |
|
|
|
|
escrito por SUAVECITA77
|
|
domingo, 20 de abril de 2003 |
Teresita tenÃa unos 15 años más que yo cuando la conocÃ. Llevaba sus 40 años con garbo y prestancia. Ã?ramos compañeros de Teatro y con el tiempo y la relación me enteré que era separada desde hacia tiempo, con una hija, Clara, de 19 años y un varón, MartÃn, de 21. Con el tiempo nuestra relación primaria de amigos se fue transformando en Ãntima.
Cuando fui por primera vez a su casa a cenar luego de un ensayo, me presentó a sus hijos con los que tuve una buena onda inmediata. Clara estaba acompañada esa noche con Eduardo, su novio, estudiante de abogacÃa, con un apellido de reconocida alcurnia en nuestra sociedad.
Al finalizar la cena, los novios salieron y junto a ellos lo hizo MartÃn para ir a la casa de su novia, asà es que quedamos solos con Teresita. Ella se fue a poner una ropa más cómoda y cuando reapareció lo hizo con un top negro cortÃsimo que dejaba ver la base de sus tetas con los pezones sobresalientes y erectos y un short haciendo juego, logrando un efecto sensual al que de ninguna manera podÃa ser ajeno. Ella traÃa un par de cervezas en la mano y al acercarse a mi silla la tome por la cintura y empecé a besarle las tetas desde sus bases visibles mientras que mis manos bajaban por su cintura y llegaban hasta sus nalgas las que empecé a apretar y sobar con fuerza. Ella habÃa dejado las cervezas en la mesa y me tenia tomado del pelo y me apretaba contra su pecho. Cuando llegué a sus pezones se los chupé con fuerza hasta hacerle pegar pequeños gritos mezcla de dolor y placer.
Ya habÃa pasado mis manos para adelante, buscando encontrar los botones de su short e intentando bajárselo. Cuando lo logré pude acariciar sus firmes nalgas: metÃa mis manos entre ellas y jugaba con mis dedos a lo largo de su raya hasta llegar a los labios de su vulva, ya llena de jugos. Su concha estaba casi al alcance de mi boca, asà es que el próximo y lógico paso era chupársela. Y a eso me aboqué con especial esmero. Primero besando sus piernas y caderas, luego su monte de Venus lleno de una tupida masa de vellos y con mi lengua me fui abriendo paso hasta encontrar su clÃtoris y lamerlo y chuparlo. Estaba gordo e hinchado y segregaba un jugo agridulce que hacÃa mi delicia.
De pronto me tomo de la mano y me condujo a su dormitorio: tenia una gran cama en el centro, con un respaldo de barrote en bronce, un gran espejo en una de las paredes, una cómoda al frente de la cama con un sillón al costado de la misma. Se sentó en la cama e hizo que me parara frente a ella. El bulto de mi verga, ya crecida, sobresalÃa. Desprendió el cierre de mi pantalón con estudiada lentitud. Los bajó y me besó por sobre el slip mientras me acariciaba las bolas. Asà estuvo hasta que llegó a mi capullo que ya sobresalÃa de su encierro. Lo besó tiernamente, lo sacó todo y empezó a darle pequeños besos en torno a la corona de la pija y fue bajando hasta la base y empezó a chupar mis bolas, provocando un placer similar al que yo le habÃa provocado cuando le besaba los pezones. Luego de entretenerse un buen rato con mis bolas, subió hasta la punta de la verga y se la metió hasta el fondo de su garganta de un solo envión. Cuando la empezó a sacar, iba jugando con su lengua todo a lo largo y comenzó a chupármelo con mucha fuerza. Yo sentÃa como que las bolas subÃan por el canal de mi verga y querÃan salÃrseme. Fue en ese momento cuando sentà que su dedo se abrÃa paso entre mis nalgas y buscaba adentrarse en mi agujero. Fruncà el culo y ella sintió mi incomodidad. Sacando la verga de su boca, mientras me miraba a los ojos, me preguntó: ¿"Qué? No te gusta?". No, le dije yo. Ella se encogió de hombros como no dándole importancia y mientras retiraba su dedo de la puerta de mi culo me dijo con una sonrisa pÃcara: "En algún momento me voy a sacar el gusto". "DifÃcilmente" dije para mis adentro, con la seguridad del que sabe lo que no le gusta.
En un momento dado me dijo: "Andá hasta la cómoda y busca en el segundo cajón. Ahà está mi amigo" Mensaje misterioso si lo habÃa, pero como un buen caballero, nada dije y fui hasta la cómoda que habÃa frente a la cama, abrà el cajón aludido y me encontré con un consolador de látex de considerable dimensiones en una imitación tal, que hasta las venas tenÃa marcadas. Junto al reposado elemento habÃa un pequeño frasco de vaselina que también le alcancé.
"Ahora mirame" me dijo y se dirigió hasta el sillón donde se sentó apoyando las piernas en los apoyabrazos y dejando su peluda concha expuesta. Luego de envaselinar bien al muñeco se lo fue metiendo lentamente. Su cara tenÃa un rictus de placer y volcaba los ojos hacia atrás. Se estuvo pajeando delante de mà un buen rato, entre suspiros y gemidos cada vez más fuertes. "Ahora acercate y poneme la verga en la boca", me ordenó. SolÃcito hice lo que me dijo y empezó a chupármelo y a masajearme los huevos sin desatender su ir venir de la otra mano, proporcionándose un placer indescriptible. "Estoy por acabar" me avisó " y quiero que en el mismo momento vos acabes en mi boca" me terminó decir antes de volver a colocarse la verga en la boca y chupar a un ritmo enloquecedor. Yo la tenÃa agarrada de la nuca y empujaba su cabeza hacia atrás y adelante y en pocos minutos sentà que un rÃo de leche salÃa de mÃ. Al sentir mi leche en su boca tuvo un estremecimiento seguida por una serie de pequeñas convulsiones en todo su cuerpo: lo habÃamos logrado.
Descansamos un momento, recostados en la cama, fumando un cigarrillo y tomándonos las ya calientes cerveza que habÃa quedado pendiente al principio.
Los últimos tragos de cerveza se los volqué en el abdomen y ella con unos movimientos, hizo que el lÃquido corriera hacia su concha. Le besé las tetas y fui bajando por su vientre hasta su concha nuevamente. Se la estuve chupando un largo rato, hasta que ella me pidió chupármela también a mÃ, asà es que nos reacomodamos en la cama e hicimos un "69". Cuando mi verga estuvo nuevamente hinchada y dura, me levanté, la di vuelta y le puse la almohada debajo de su vientre, para que su culo, ya bien lubricado por mi saliva, quedase a mi merced. Me acerqué a su agujero, ella tomo mi verga con la mano y la guió hasta la puerta de ese hermoso culo. "Despacio" me pidió. Empecé a metérsela muy lentamente, pero una vez que entró el capullo, hice una pequeña pausa para que se relaje, y cuando asà lo sentà de un solo empujón se la metà hasta que los huevos toparon con sus piernas "!Hijoderemilputas!!!!!" me gritó, mientras sentÃa que las paredes del culo se cerraban sobre el contorno de mi verga y luego quedó laxa . Creà por un momento que se habÃa desmayado, pero luego pude ver en su cara puesta de costado una sonrisa de placer. "Ahora que te diste el gusto de romperme el culo, cojéeme bien cogida" me dijo. No me hice de rogar: me agarre de sus caderas y empecé a meterla y sacarla a distintos ritmos y profundidades. De pronto sentà que mi verga era rozada por algo, pero dentro de ella: ahà recién me di cuenta que se habÃa metido el consolador por la concha y se estaba pajeando. Eso me calentó mucho y aceleré mi ritmo, hasta acabar y llenarle el culo con mi leche. Ella apuró su paja, terminando también, y esos espasmos hizo que su culo me sacara las últimas gotas de leche. Quedé exhausto. Y ella igual...
Pero ustedes se preguntaran dónde entra su hija Clara...
Eso es en la segunda parte.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
|
|
|
|
|
|
|
Quien esta Online
|